El cuento del Pulgarcito

 

Érase una vez un padre y una madre que tenían un hijo tan pequeño, tan pequeño que le decían Pulgarcito. Un día su madre, mientras hervía la comida, dijo:

"Ay, hija, qué lata me hace salir a comprar, el almuerzo ya hierve al fuego y no encuentro el azafrán por ninguna parte.
Pulgarcito que todo lo barajaba y que por todas partes se metía, enseguida contestó:
"Madre, si no hay azafrán, yo os puedo ir a buscar."
"¿Dónde quieres ir, dónde quieres ir! No ves que eres demasiado pequeño y la gente te puede pisar por la calle como un garbanzo? "
"Ya iré cantando, y así, si no me ven, bien que me sentirán"
"No y no. Los pequeños hacen lo que se les dice. Irás cuando seas mayor. "
"Eh! Eh! Eh! Yo quiero ir a buscar azafrán! "
Y como se puso a llorar y patalear, para hacerlo callar, su madre le dijo:
"Bueno ya basta, Pulgarcito, aquí tienes un dinerito y ve en seguida a la tienda de Joselito."
Y calle arriba se encamina aquel chiquillo tan terco, con zuecos y barretina y unas bragas de terciopelo.
"Patim, patam, patum, hombres y mujeres de cabeza recta, patim, patam, patum, no piséis el Pulgarcito.
Contento y cantante, Pulgarcito llegó a la tienda de en Joselito, la más bonita de aquel lugar.
"! Eh, eh!" "¿Quién hay?" "Un dinerito de azafrán.
Y el tendero todo era mirar por aquí y por allá.
"! Eh, eh!" "¿Quién hay? ¿Qué queréis? "
"Que no me veis? Ya estoy harto de llamar. A ver si me despedís un dinerito de azafrán "
Y el tendero vuelve a mirar y busca que busca en el suelo dentro de la tienda, hasta que todo de una vez ve un dinerito que se mueve. Entonces se agacha y lo recoge, poniendo en el mismo lugar un cucurucho de azafrán. Tan pronto como Pulgarcito tiene el azafrán sobre él, lo coge con fuerza, sale a la calle y deja bobo al pobre tendero.
"Patim, patam, patum, hombres y mujeres de cabeza recta, patim, patam, patum, no piséis el Pulgarcito"
Y de miedo la gente se escondía al no ver quién cantaba, mientras calle abajo pasaba un cucurucho solo, solo, solo, como si fuera sobre una bola.
Y cuando Pulgarcito llegó con una bolsa de azafrán, su madre no salía de su asombro. Entonces todo satisfecho pidió:
"Madre, me quiere dejar ir ahora a llevar la comida al padre?"
"Eso si que no, hijo mío: el cesto pesa demasiado y por los caminos todavía hay nieve."
"Eh! Eh! Eh! Yo quiero ir a llevar la comida! "
Tanto lo pidió, que, para que se callara, su madre le dijo:
"Para no oírte más, tiene la cesta y ya puedes ir"
Y Pulgarcito, que tenía mucha fuerza, cogió el cesto de la comida y, como si nada, lo cargó en brazos.
Por el camino, cantaba así: "Patim, patam, patum, hombres y mujeres de cabeza recta, patim, patam, patum, no piséis el Pulgarcito."
Al salir del pueblo, la gente, asustada, cerraba puertas y ventanas, y, por los caminos, los campesinos huían asustados al ver una cesta sola caminando como un caracol.
A medio camino, Pulgarcito se detuvo y se sentó al borde de un huerto para reposar un rato, pero he aquí que todo de una vez, empieza a llover muy fuerte. Para no mojarse fue solo a esconderse bajo una col. Entonces vino un buey medio perdido que de un bocado se comió la col y Pulgarcito de propina, con zuecos y barretina y las bragas de terciopelo.
Al atardecer, el padre y la madre buscaban el hijo por todas partes, hasta que encontraron la cesta solo al borde de un huerto. Entonces empezaron a gritar:
"Pulgarcito, dónde estás? Pulgarcito, dónde estás? "
Y Pulgarcito, de lejos, les contestaba:
"Estoy en la barriga del buey, que no nieva ni llueve"
Como no le oían, sus padres iban gritando:
"Pulgarcito, dónde estás? Pulgarcito, dónde estás?
Y Pulgarcito contestaba:
"Estoy en la barriga del buey, que ni nieva ni llueve."
 ¿¡Qué ocurrió cuando supieron dónde estaba Pulgarcito?!
¿Sabéis qué hicieron sus padres? Pues empezaron a dar mucho de comer, mucho de comer al buey, y el toro se fue hinchando, hinchando, hinchando ... Tanto y tanto se hartó, que, en definitiva, el toro va y hace: Pam!
Y como un relámpago salió Pulgarcito, muy contento y listo, como si nada hubiera pasado.


Y este cuento se ha acabado.